PRIMERAS IMPRESIONES
La percepción social involucra esfuerzos para formar una impresión global de las otras
personas. Al interactuar con otros, y especialmente cuando es la primera vez, tratamos de
combinar diversos trozos de información en una impresión general consistente. El sentido
común sugiere que las primeras impresiones son muy importantes, y al igual como sucede
en muchos otros casos, la evidencia empírica tiende a concordar con esta creencia de
sentido común.
Asumimos que las impresiones iniciales que formamos sobre otros moldearán el curso de
nuestros futuros encuentros con ellos, y que tales impresiones pueden ser muy resistentes
al cambio, aún frente a información posterior contraria. Varias décadas de investigación
muestran que tales supuestos son correctos (Baron & Byrne, 1994).
Ya en investigaciones pioneras de Asch en los años 40 se encontraba que las impresiones
que formamos sobre otros se ven más fuertemente afectadas por la información que
recibimos primero, lo cual se llamó efecto de primacía. A pesar que Asch postulaba que la
primera información afectaba el significado o interpretación de la información posterior, una
interpretación más de acuerdo con el conocimiento actual sobre cognición social sugiere
que tal efecto de primacía ocurre porque, una vez que tenemos alguna información inicial,
no nos preocupamos en prestar mucha atención a la información adicional. Esto sería parte
de una tendencia más general a minimizar el monto de trabajo cognitivo que hacemos
cuando pensamos acerca de otros.
La investigación acumulada revela que al formar impresiones sobre otros, al parecer
combinamos la información disponible acerca de ellos en una especie de promedio
ponderado cognitivo. Es decir, combinamos la información ponderando cada trozo por
diversos factores que determinan su importancia. Entre los factores más importantes que
influencian el peso relativo que damos a diversos trozos de información, están los
siguientes:
1) la fuente de la información: la información de fuentes que admiramos o en las que
confiamos tiene más peso que la de fuentes no confiables
2) si la información es positiva o negativa: tendemos a ponderar más la información
negativa acerca de otros, tal vez porque es más novedosa o distintiva
3) el grado en que la información describe conductas o rasgos que son atípicos o extremos:
mientras más inusual es algo, mayor ponderación le damos, y
4) a menudo asignamos mayor peso a la información que recibimos primero (primacía) que
a la información posterior (Baron & Byrne, 1994).
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